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El Bautismo de Jesús

 Lucas 3,15-22
Como el pueblo estaba en expectativa, preguntándose todos en sus corazones si acaso Juan sería el Cristo, respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.
Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.
Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba las buenas nuevas al pueblo.
 Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por Juan a causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que Herodes había hecho,
sobre todas ellas, añadió además esta: encerró a Juan en la cárcel.

El bautismo de Jesús
Mt. 3.13-17; Mr. 1.9-11)
Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia
1. Oración Inicial: Danos tu Espíritu, Padre, para que en una verdadera conversión, podamos acoger a tu Hijo que pasa por nuestra historia y así reconocerlo como él que ofrece la vida por la humanidad. Danos una visión límpida, un corazón pronto para escuchar, danos el estar siempre preparados(as) para colaborar en la construcción de tu Reino. AMÉN. Cantar «Espíritu Santo Ven, Ven».

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: El texto de hoy nos invita a meditar sobre una pregunta crucial de nuestra fe: ¿Quién es Jesús? Tal pregunta ha recibido en el tiempo de Jesús y durante toda la historia una infinidad de respuestas por parte de personas que quieren acercarse al misterio de Jesús. Lucas, cuando describe la escena del bautismo de Cristo en las aguas del Jordán, no está interesado en comunicarnos detalles históricos sobre tal acontecimiento, sino que pretende darnos los primeros elementos para comprender la identidad de Jesús. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Lucas 3,15-22: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones. Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».

d. ¿Qué dice el texto?

1) Cada persona lee el versículo o parte del texto que te impresionó más.

2) ¿Qué respondió Juan a la gente sobre si él sería el Mesías? ¿Cómo diferencia su bautismo del de Jesús? ¿Qué actitud demuestra Juan?

3) ¿Por qué Juan reprendió a Herodes? ¿Qué hizo Herodes con Juan después?

4) ¿Qué sucedió cuando Jesús se encontraba orando? ¿Qué proclama la voz del cielo?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

a) Delante del Mesías, Juan Bautista se siente siervo, humilde e indigno: «yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias»: ¿Cómo nos comportamos en nuestra comunidad? ¿Cómo es nuestra humildad?

b) ¿Qué les llama la atención de la denuncia profética que hizo Juan al Rey Herodes? ¿Qué hay que denunciar hoy? ¿A quienes debemos dirigir nuestra denuncia? ¿Por qué? ¿Lo estamos haciendo? ¿Qué nos falta? ¿Nos sentimos llenos(as) de “Espíritu Santo y fuego”?

c) ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «Tú eres mi Hijo amado, a quien he elegido».

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: Realizar un gesto de humildad y/o de denuncia profética esta semana. Llevamos una "palabra". Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final: Señor Dios, tu Hijo ha orado mientras era bautizado por Juan Bautista,. Tu voz divina escuchó su oración. También el Espíritu Santo se ha mostrado presente en forma de paloma. ¡Escucha hoy nuestra oración! Te pedimos que nos sostengas con tu gracia para que podamos ser hijos(as) de la luz. Danos la fuerza para renovarnos continuamente en el Espíritu, revestidos e invadidos de pensamientos y sentimientos de Cristo. AMÉN. Padre Nuestro, que estás en el cielo…

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:

a. Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.

b. ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?

c. ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?

2. El contexto del bautismo de Jesús:
Después de los relatos de la infancia y como preparación a la actividad pública de Jesús, Lucas narra los acontecimientos que se refieren a Juan Bautista, el bautismo de Jesús, las tentaciones de Jesús; este conjunto sirve como de introducción a la verdadera y propia actividad de Jesús y le da sentido. El evangelista concentra en un cuadro único y completo toda la actividad de Juan: desde el comienzo de la predicación en las orillas del río Jordán (3,3-18) hasta el arresto mandado por Herodes Antipas (3,19-20). Cuando Jesús aparece en escena (3,21) para ser bautizado ya no se menciona a Juan. Con esta omisión Lucas clarifica su lectura de la historia salvífica: Juan es la última voz profética de la promesa del Antiguo Testamento. Ahora el centro de la historia es Jesús, es Él quien da comienzo al tiempo de salvación que se prolongará en el tiempo de la Iglesia.

El deber de Juan, el último profeta del Antiguo Testamento, es el de preparar la venida del Señor en medio de su pueblo (1,16-17.76). Este papel se concretiza en preparar a todos para recibir con el bautismo de conversión el perdón de Dios (Jer 3,34; Ez 36,25), lo que implica un cambio en el propio modo de ver las relaciones con Dios. Cambiar de vida significa practicar la fraternidad y la justicia según las enseñanzas de los profetas (Lc 3,10-14). Abandonando el bienestar religioso o social, el lector de Lucas está invitado a abrirse a la persona de Jesús, el Mesías Salvador. Lucas quiere subrayar que el profeta Juan no tiene ninguna pretensión de ser comparado con la persona de Jesús. Más bien, el profeta del Jordán se ha sentido completamente subordinado a la persona de Jesús (3,16). Sobre todo Jesús es el más fuerte porque da el Espíritu.

La actividad de Juan tiene un final violento, a la manera de los profetas clásicos. La autenticidad de un profeta nace de su libertad en los enfrentamientos con el poder político: de hecho, denuncia las maldades cometidas por Herodes en la vida del pueblo. Ante la llamada del profeta existen dos respuestas diversas: el pueblo y los pecadores se convierten, mientras los potentes responden con violencia agresiva. Juan termina el recorrido de su existencia en la cárcel. Con este episodio trágico Juan anticipa el destino de Jesús, rechazado y muerto, pero que se convierte en punto de referencia para todos aquellos que son perseguidos por el poder represivo.

Finalmente, el Jordán es el lugar físico de la predicación de Juan. La intención de Lucas es crear un estrecho lazo entre este río y Juan: Jesús no aparecerá ya más por allí después de su bautismo, así como Juan no aparecerá jamás por los confines de Galilea y de la Judea, porque son lugares ligados y reservados a la acción de Jesús.

3. Juan no es el Mesías:
En aquel tiempo era grande la expectativa de la venida del Mesías Salvador. Muchos se hicieron discípulos de Juan Bautista y muchos siguieron a Jesús. Ambos grupos discutían sobre quién era el mayor, pues los discípulos de Juan afirmaban que Juan era más importante pues había venido antes de Jesús. De entre los evangelistas, Lucas y Juan procuran resolver el asunto mostrando el papel subordinado del Bautista (ver Jn 1, 6-9.15.19-20; 3, 30). Para esto Lucas contrapone las dos personas y los dos bautismos. Juan no sólo declara que no es el Mesías, sino que afirma además que ni siquiera es digno de ser su esclavo (desatar la correa de las sandalias). El bautismo de Juan era con agua y servía para la purificación al demostrar el arrepentimiento. En cambio, el bautismo de Jesús será con el Espíritu Santo y con fuego, una alusión a Pentecostés, donde el Espíritu fue dado en forma de lenguas de fuego (ver Hch 2, 3-4). Además, mientras Juan previene sobre el juicio, Jesús es el juez mismo que va a separar a los justos de los injustos como el agricultor separa el grano de la paja (ver Mt 25,46). El testimonio de Juan alerta para algo importante: el(la) testigo no debe confundirse con aquel de quien da testimonio, ni ocupar su lugar. Su función es señalar a Jesús, anunciar su presencia y acción, y luego desaparecer: "Es preciso que El crezca y que yo disminuya" (Jn3,30). Ciertamente no siempre sucede así. Es grande la tentación del evangelizador por conseguir privilegios o mayordomías a costa de su función, estorbando el encuentro y el compromiso de las personas con Jesús.

4. El final de la misión de Juan (3,18-20): Lucas clausura pronto la actividad de Juan, porque desde su punto de vista, Juan pertenece al Antiguo Testamento (16,16). La prisión por parte de Herodes muestra que Juan incomodaba a las autoridades, ciertamente porque les echaba en cara sus faltas morales. Con la salida de Juan, el tiempo de Israel, la primera fase de la historia de la salvación, ha terminado.

Ahora comienza el tiempo de Jesús, y con Él, la realización de las promesas y la venida del Reino de Dios. De hecho, según el evangelista Marcos, después de la prisión de Juan, es cuando Jesús va a Galilea donde comienza su actividad (Mc 1, 14-15).
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