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Viernes 11 de Enero de 2013


1) Oración inicial

Dios todopoderoso: tú que has anunciado al mundo, por medio de la estrella, el nacimiento del Salvador, manifiéstanos siempre este misterio y haz que cada día avancemos en su contemplación. Por nuestro Señor. Amen.

2) Lectura
Del santo Evangelio según Lucas 5,12-16
Estando en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra que, al ver a Jesús, se echó rostro en tierra y le rogó diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.» Él extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio.» Y al instante le desapareció la lepra. Le ordenó que no se lo dijera a nadie. Y añadió: «Vete, preséntate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio.»
Su fama se extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades. Pero él se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba.


3) Reflexión

Un leproso llega cerca de Jesús.
Era un excluido. Debía vivir alejado de los demás. ¡Quien lo tocara quedaría impuro! Pero aquel leproso tenía mucho valor. Transgredió las normas de la religión para poder llegar cerca de Jesús. Dice: Señor si quieres, puedes limpiarme. O sea: “¡No necesitas tocarme! ¡Basta con que el Señor quiera para que yo quede sano!” La frase revela dos enfermedades:
1) la enfermedad de la lepra que vuelve a alguien impuro;
2) la enfermedad de la soledad a la que estaba condenado por la sociedad y por la ley. Revela también una gran fe del hombre en el poder de Jesús. Profundamente compadecido, Jesús cura las dos enfermedades. Primero, para curar la soledad, toca al leproso. Es como si dijera: “Para mí, tú no eres un excluido. ¡Yo te acojo como hermano¡” Luego, cura la lepra diciendo: ¡Lo quiero¡ ¡Queda limpio!

• Para poder entrar en contacto con Jesús, el leproso había transgredido las normas de la ley. Asimismo, para poder ayudar a aquel excluido y revelarle así un nuevo rostro de Dios, Jesús no sigue las normas de su religión y toca al leproso. En aquel tiempo, quien tocaba a un leproso era considerado impuro por las autoridades religiosas y por la ley de la época.

Jesús no sólo cura, sino que además quiere que la persona curada pueda convivir.
Reintegra a la persona en la convivencia. En aquel tiempo, para que un leproso fuera acogido de nuevo en la comunidad, necesitaba de un certificado de curación de parte de un sacerdote. Es como hoy. El enfermo sale del hospital sólo con un documento firmado por el médico de la planta. Jesús obliga al leproso curado a que busque un documento, para que pueda convivir con normalidad. Obliga a las autoridades a que reconozcan que el hombre ha sido curado.

Jesús prohibió al leproso que hablara de la curación.
El evangelio de Marcos informa que esta prohibición no fue respetada. El leproso, en cuanto salió, empezó a hablar y a contar detalladamente todo el asunto. Resultó que Jesús ya no podía entrar públicamente en el pueblo; tenía que andar por las afueras, en lugares apartados (Mc 1,45). ¿Por qué? Porque Jesús había tocado al leproso. Por esto, según la opinión de la religión de aquel tiempo, ahora él mismo era un impuro y tenía que vivir apartado de todos. No podía entrar en las ciudades. Y Marcos manifiesta que al pueblo poco le importaban estas normas oficiales, pues de todas parte llegaban a donde él estaba (Mc 1,45).

Jesús se retiraba a orar a sólas. Esto se repite una y otra vez, antes de una aparición pública y después de ella. Esto nos habla del diálogo constante que tenía con el Padre. La gente se arremolinaba a su alrededor para que los curara, pero El se alejaba porque nunca fué su intención el realizar milagros, sino dar a conocer al Amor de Dios.


4) Para la reflexión personal

Yo puedo ser éste leproso. He vivido la soledad del emigrante que vive en tierras que no son en las que nació; he vivido la soledad del que es rechazado incluso en la comunidad religiosa a la que asisto. Y he sido curada por Jesús representado en los sacramentos. He vivido atemorizada, con un miedo que me sumió en una depresión profunda que me llevó a intentar suicidarme. He vivido atormentada por vecinos que se llaman cristianos y que son hermanos separados, pero también he sido rechazada por mi propia comunidad.

He estado lejos de Dios por mis pecados y me he hundido por ellos, al igual que el leproso.

He encontrado en los Sacramentos, en Jesús sacramentado a Dios. Y a raíz de ello, ha nacido un querer gritar a todos lo que ha hecho en mi vida, la manera en que fuí liberada del demonio del miedo y cómo ha ido transformando mi vida, llenándola de paz en medio del rechazo.
A diferencia del leproso, he permanecido en mi comunidad, tratando de integrarme a ella. No es sencillo, pero sé que Jesús sigue obrando en mí
Hoy leía una meditación de San Agustín en donde nos dice cómo seguimos haciendo sufrir a Jesús, desobedeciendo sus mandatos.

Propósito
Seguir realizando la labor que como al leproso se me pidió, Asistir a mi comunidad a dar testimonio de su poder. No traer sobre Jesús más dolor con mi desobedencia tal como lo hizo el leproso después de ser curado.

6) Oración final

¡Celebra a Yahvé, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sión!,
que refuerza los cerrojos de tus puertas
y bendice en tu interior a tus hijos. (Sal 147,12-13)

La Lectio Divina es una fuente genuina de la espiritualidad cristiana y a ella nos invita nuestra Regla. Practiquémosla cada día para adquirir un suave y muy vivo amor y para aprender la supereminente ciencia de Jesucristo. Así cumpliremos el mandato del Apóstol Pablo que nos recuerda la Regla: “La espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, habite con toda su riqueza en vuestra boca y en vuestros corazones, y todo lo que debáis hacer hacedlo en el nombre del Señor”. Constituciones Carmelitas (n. 82)

Lectio:
Viernes, 11 Enero, 2013
http://ocarm.org )
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