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Lectio divina del 15 de Marzo de 2016





Lectio: 
 Lunes, 14 Marzo, 2016
Tiempo de Cuaresma
1) Oración inicial
Señor, Dios nuestro, cuyo amor sin medida nos enriquece con toda bendición, haz que abandonando la corrupción del hombre viejo, nos preparemos, como hombres nuevos,  a tomar parte en la gloria de tu nombre.
Por nuestro Señor Jesucristo.
2) Lectura
Lectura del santo evangelio según san Juan (Jn 8,12-20)
En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar a los fariseos: —«Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.» Le dijeron los fariseos: —«Tú das testimonio de ti mismo, tu testimonio no es válido.» Jesús les contestó: —«Aunque yo doy testimonio de mi mismo, mi testimonio es válido, porque sé de dónde he venido y adónde voy; en cambio, vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie; y, si juzgo yo, mi juicio es legitimo, porque no estoy yo solo, sino que estoy con el que me ha enviado, el Padre; y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos es válido. Yo doy testimonio de mi mismo, y además da testimonio de mí el que me envió, el Padre.» Ellos le preguntaban: —«¿Dónde está tu Padre?» Jesús contestó: —«Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mi, conoceríais también a mi Padre.» Jesús tuvo esta conversación junto al arca de las ofrendas, cuando enseñaba en el templo. Y nadie le echó mano, porque todavía no habla llegado su hora.
3) Reflexión
Quien me sigue, no caminará en las tinieblas…
El Señor Jesús, Presencia gloriosa, que llena el Templo de Dios, en Jerusalén, está ofreciendo a sus oyentes la gran y misteriosa enseñanza sobre el Camino a seguir, el camino a realizar hacia la salvación. Este pasaje, de hecho, comienza con el verbo "seguir" y todo el capítulo 8 está sellado por el verbo "salir", en referencia a Jesús.
Entendemos, además, que la Palabra del Señor nos quiere invitar a emprender un camino de salvación hacia la Luz, un camino tras las huellas de Jesús, que, como la Shekhinah, sale del templo (Jn 8,59 y Ez 10, 18) para ir a habitar en la tienda, junto con los exiliados de todos los tiempos; para ir a morar en el seno del Padre.
Es justamente ésta la trayectoria del camino de la luz que Jesús nos invita a hacer junto a él, detrás de él: desde el templo hacia el Padre.
Veamos cuáles son los pasos que la Palabra del Evangelio nos dice.
Tú das testomonio de ti mismo…
Ésta es sólo la primera de una serie de siete apariciones de la palabra "testimonio", junto con el verbo correspondiente " testimoniar": una palabra clave muy importante y fuerte, que recuerda un aspecto fundamental de la ley judía, siendo un testigo una figura central e indispensable en el derecho del pueblo de Israel. Aún hay más. De hecho, la misma palabra "testigo" (‘ed) en hebreo, se pone de relieve en aquel pasaje bíblico, que es la declaración de fe más esencial, más vital a los israelitas, es decir, en el Shema’ Israel, como lo leemos en Dt 6,4. Destaca porque en las Biblias hebreas este versículo está escrito de una manera especial, es decir, con la letra final de la primera palabra, del verbo Shemá (escuchar), y con la letra final de la última palabra, el adjetivo Ejad (único), escritas más grandes que las otras letras. Y estas dos letras finales, que son la 'Ayin y la Dalet, unidas forman la palabra "testigo" (‘ed).
En este pasaje del Evangelio, a continuación se nos pone ante un punto de partida claro, insustituible: nuestro camino hacia el Padre, juntos con Jesús, sólo puede comenzar desde nuestro testimonio, desde nuestro creer amoroso y cierto en Dios, cual Dios uno y único, como el único y sólo Señor nuestro. Este es el testimonio de Jesús. Este es el grito de Jesús, allí mismo, en el templo de Jerusalén. Un grito que quiere destruir nuestra noche, nuestra incredulidad.
Sé de dónde vine y a dónde voy…
Jesús ya pone, claramente, el punto de partida y de llegada de nuestro camino por la noche hacia la luz. Los dos puntos, de hecho, coinciden, ya que ambos están en el Padre, pero para nosotros es necesario buscarlos, encontrarlos, conquistarlos.
Muchas veces en el Evangelio de Juan escuchamos resonar en la boca de Jesús la declaración de que el Padre lo ha enviado (Jn 5: 37; 6, 44; 7, 28, 12, 49, así como en el presente capítulo 8). El Padre es su origen, su comienzo, el Lugar secreto de su salida hacia el mundo.
Y esta fuerte pregunta sobre el origen de Cristo está siempre viva, siempre abierta, aparentemente sin respuesta: "¿De dónde eres?" (Jn 19,9), tal como lo oímos en la boca de Pilato.
Jesús nos ha revelado de dónde es Él, pero igualmente nuestro corazón sigue buscando, sigue deseando encontrar este origen, este Lugar donde nosotros verdaderamente podemos nacer, tener nuestro principio.
Del mismo modo, Jesús revela el misterio de su éxodo, nos hace conocer cuál es la culminación de su camino en este mundo. Pues Él dice: "Me voy al Padre" (Jn 16,10).
Así pues, tenemos todos los detalles necesarios para el viaje: desde el Padre hacia el Padre. Al igual que lo fue para Jesús.
¿Dónde está tu Padre?
Es necesario que esta oración, esta búsqueda del corazón, permanezca viva en nosotros; nunca debe apagarse, nunca debe fallar. Ésta es la sed que nos debe guiar, debe empujarnos en el camino, debe hacernos arder el corazón, en comunión con el Señor Jesús, el Rostro vivo del Padre.
4) Para la reflexión personal
  • ·        ¿Tengo el deseo de seguir a Jesús? y ¿Quiero empezar ahora?
  • ·        ¿Estoy listo para entregarme a dar testimonio como Jesús?
5) Oración final
Salmo 42
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, oh Dios.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿Cuándo vendré y veré el rostro de Dios?
Las lágrimas son mi pan de día y de noche, mientras me dicen siempre: ¿Dónde está tu Dios?
Esto yo recuerdo, y mi alma anhela: cuando yo avanzaba entre la multitud y la precedía hasta la casa de Dios,
entre cantos de alegría y de alabanza de una multitud en fiesta.
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